Historia

La República Dominicana, una nación atacada

Si bien la República de Cuba ocupa un lugar importante en el corazón de los hispanoamericanos, no deberíamos olvidarnos de los puertorriqueños ni de los dominicanos. En efecto, la historia dominicana tiene muchos episodios interesantes que deberíamos rememorar.

De hecho fue la primera isla caribeña de importancia a la que arribaron los despiadados marineros de Cristóbal Colón. Tristemente, fue en el país dominicano donde por primera vez se puso en práctica el modelo esclavista que derivó en la extinción de la población nativa de la Isla. De ahí que a diferencia de lo ocurrido en México, la población dominicana actual esté conformada principalmente por afrodescendientes.

Según su himno nacional, los dominicanos combatieron valerosamente al soberbio león castellano. Sin embargo, en vista de que su población descendía de españoles y africanos emigrados, la falta de un recuerdo histórico o étnico del pasado prehispánico, condicionó a los dominicanos, que por muchas décadas después de la independencia, seguían considerándose a sí mismos como españoles de América. Esto a pesar de que los españoles negociaron a los dominicanos con los franceses, que ya ocupaban la parte occidental de la Isla, que constituye actualmente el país de Haití. En efecto, el único nacionalismo no hispanista que pudo haberse desarrollado en la isla habría sido aquel que buscaba la unificación de las porciones francesa y española en una sola nación. De hecho, aún sin negar el carácter contractual de un nacionalismo de esa clase, que más bien habría sido un Patriotismo cívico, la idea no sería tan descabellada desde el momento en qué otras Islas caribeñas como Trinidad y Tobago, con una población afrodescendiente de habla inglesa y francesa, se encuentran más o menos integradas al contexto iberoamericano. Eso nunca sucedió con la parte haitiana de la isla, que incluso a comparación de otras colonias francesa afrodescendientes como Guadalupe o Martinica, constituye una verdadera anormalidad histórica y cultural. En 1805, las sanguinarias tropas haitianas cometieron horrendas atrocidades contra otros afrodescendientes en la parte española de la Isla, que hasta ese tiempo había tratado de mantener condiciones austeras para evitar la voracidad de sus vecinos. En los años posteriores, estaba claro que España sólo ejercía una soberanía teórica sobre el territorio. Para evitar mayores males, el político dominicano José Núñez de Cáceres, buscó infructuosamente que la parte española de la Isla fuese anexada a la Colombia de Bolívar con una constitución que permitía la esclavitud. En esos años Cáceres aún temía que los esclavos dominicanos se unieran a los haitianos para masacrar a los blancos, lo cual no habría de suceder, pues la brutalidad haitiana puso a los afrodescendientes hispanohablantes en contra de Haití. En dado caso, unos y otros no tenían nada en común más allá de su color de piel pero todo fue en vano. La Colombia de Bolívar ya estaba en proceso de disolución. Además, anexar a la parte española de la Isla era impráctico por las grandes distancias. Dos décadas más tarde, en 1825, un personaje mucho más astuto y menos sanguinario de nombre Jean Pierre Boyer, dotó a los haitianos de un gobierno estable y negoció con los franceses para que estos garantizaran la independencia de la Isla. En vista de que ya no había nada más que hacer, Cáceres optó por entregar la parte española de la Isla a la República de Haití y aceptó retirarse del activismo a cambio de una cantidad anual, que le confería el gobierno haitiano.

Aunque esto huela a traición, la realidad es que Boyer era muy buen vendedor, pues su plan para desarrollar la isla con el aval de Francia resultaba bastante convincente. De hecho, Cáceres solo respondía a las presiones de la propia oligarquía dominicana, a la que había engatusado. Sin embargo, la amistad de Francia estaba condicionada al pago de reparaciones económicas. Más que una reivindicación nacionalista, Boyer necesitaba a la parte española de la Isla para poder pagar las reparaciones por medio de tasas impositivas y confiscaciones contra los ciudadanos hispanohablantes. En las subsecuentes décadas, los dominicanos libraron una heroica resistencia contra los haitianos, a quienes derrotaron pese a estar en desventaja.

No obstante, esta trágica política de ensayo y error que sigue hundiendo a los pueblos hispanoamericanos en la mediocridad, tuvo características peculiares en la República Dominicana, pues en la sexta década del siglo XIX, los propios veteranos de la guerra de independencia llevaron al país a un anacronismo absurdo, restableció brevemente la soberanía española en la isla, situación que resultó en otro desastroso episodio.

Todo estaba cantado para que la República Dominicana fuese un desastre y el país más pobre y arruinado del continente pero a diferencia de Haití, lo que siempre favoreció a los dominicanos fue su renuncia a explotar sus recursos naturales. Incluso en tiempos modernos, el presidente Joaquín Balaguer salvaguardo providencialmente la ecología del país, que continúa viva a comparación de la erosión que arruinó a los haitianos. Hasta este momento, pocas personas se ponen a pensar que la preservación del ecosistema ha sido crucial para la conservación de la soberanía dominicana a pesar de las invasiones de España, Haití y Estados Unidos.

Aún así habría que decir que el pueblo dominicano está nuevamente bajo ataque, pues la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos condena al país por haber afirmado su soberanía migratoria al reconocer como dominicanos únicamente a los hijos de personas nacidas en el país o residentes legales. En efecto, la citada comisión denuncia a las autoridades dominicanas por el tema de los “apátridas” cuando en dado caso, es la República de Haití la que debería conferir a esas personas la nacionalidad propia de su patria. Además, la República Dominicana cedió a la de Haití una extensa porción de territorio habitada por haitianos en 1936.

El problema de la isla es entonces doble, pues para los haitianos, la propia existencia de la República Dominicana es algo así como si la Confederación hubiese ganado la Guerra Civil Estadounidense. Días atrás, la construcción ilegal de un canal en la frontera para la irrigación por Haití, provocó una nueva crisis fronteriza. Sin embargo, el gobierno haitiano fue impuesto por el departamento de estado de los Estados Unidos tras el asesinato del gobernante original. Haití tampoco tiene ejército, el país está en manos de las pandillas y pese a no ser de “importancia estratégica”, Estados Unidos tiene una de sus embajadas más grandes precisamente en Haití.

Por cierto, el dominicano Cáceres terminó su vida en Tamaulipas, donde tampoco tuve un papel destacado, pues no hizo mucho para defender el territorio entre el Nueces y el Bravo, que los tejanos querían anexar. El murió en 1844, poco antes de la Intervención Norteamericana.

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