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Escándalos, sabotajes y traiciones

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Escándalos, sabotajes y traiciones han sido una constante en la corta carrera política de Ricardo Anaya, el cual ha logrado, en unos cuantos años, descabezar a los dos partidos “históricos” de la oposición mexicana y dejar fuera a prácticamente todos sus dirigentes.

Como muchos jóvenes deseosos de probar las mieles de la alta política, Anaya inició su carrera en el PRI. Esto no debe sorprender a nadie, ya que el PRI es el partido de los tecnócratas: nada de ideología y mucha administración. Sin embargo, fue en el PAN donde Anaya logró encumbrarse vertiginosamente.

A diferencia del PRI, el PRD y el PAN eran partidos con fuerte carga ideológica, la izquierda y la derecha, el agua y el aceite.

Dada la necesidad de una renovación generacional de la política, lo cual era compartido por muchas personas en el PAN, los viejos panistas doctrinarios, ya muy golpeados desde tiempos de Fox, se retiraron a sus casas. Lo mismo hizo Cuauhtémoc Cárdenas, cuyas últimas iniciativas fuera de la política, no tuvieron el menor éxito.

Anaya aprovechó desde el principio el alejamiento de los viejos panistas y perredistas para conformar un sólido grupo de políticos jóvenes, administradores que al igual que él, ya no tenían muchos vínculos con las ideologías y luchas de antaño.

Tras varios años de trabajo político, los resultados son los siguientes:

1. La guerra psicológica de alianzas confusas y cambiantes implementada por Anaya, sepultó a casi todos los personajes que alguna vez tuvieron peso en el PAN y en sus gobiernos, desde Cordero hasta Josefina, los norteños y los empresarios. Todos se hicieron a un lado.

2. A pesar de que Margarita Zavala tenía el respaldo de muchos ex funcionarios, el constante cabildeo de Anaya en los gobiernos estatales y la administración pública, aniquiló políticamente al calderonismo.

3. Al convertirse en la nueva cara de la socialdemocracia, las corrientes principales del PRD se unieron a él de manera voluntaria y sin la menor resistencia, en parte gracias a su desprestigio como gobierno en la CDMX (poco importan los escándalos personales de Anaya, dada la imagen del PRD en la CDMX).

4. Por si fuera poco, Anaya y su equipo conformaron en tiempo record, toda una red de empresas, negocios y contratos oscuros al amparo del poder político, que hoy son la causa de los mas recientes escándalos. Ni si quiera Salinas de Gortari lo hubiese logrado tan rápido.

A diferencia del PRI, que ha sobrevivido como una coalición fuerte de burócratas con inmenso poder en cada uno de los estados del país, el PAN y el PRD no tienen presencia nacional. El PRD no existe en el norte del país así como en PAN no existe en Guerrero o en Tabasco, por ejemplo. Ni el PAN ni el PRD se acoplaron al modelo corporativista sindical y campesino que garantiza al PRI su existencia.

Panistas y perredistas saben que no existen más como partidos ni como corrientes de opinión. Solo la tutela de Anaya y la construcción de un bloque liberal unido, que combina el libre mercado con los derechos de las “minorías”, les permitirá sobrevivir al 2018.

Hay que darle crédito a Ricardo Anaya.