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El Manifiesto de Verona

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Poco antes de la guerra, ya existía dentro de las filas del Fascismo italiano, una severa crítica hacia las instituciones gubernamentales, que habían perdido su carácter revolucionario y juvenil, adoptando los modos propios de la democracia burguesa, aliada de la monarquía y los conservadores.

Mussolini, consciente de la decadencia de su régimen, planeaba ya una revolución desde la revolución. Sin embargo, fue la guerra y no la revolución, lo que devolvió a los italianos el entusiasmo por la grandeza de su patria, la cual se vio truncada por la traición del Rey Victor Manuel y los conservadores.

No habiendo motivos para conservar alianzas con traidores, la monarquía de la Casa de Saboya fue reemplazada por la República Social Italiana. De igual manera, se creó al Partido Fascista Republicano, que bajo el liderazgo del Duce, rescataba lo mejor de los ideales progresistas del pueblo italiano.

“Nuestros programas son definitivamente iguales a nuestras ideas revolucionarias y ellas pertenecen a lo que en régimen democrático se llama “izquierda”; nuestras instituciones son un resultado directo de nuestros programas y nuestro ideal es el Estado de Trabajo. En este caso no puede haber duda: nosotros somos la clase trabajadora en lucha por la vida y la muerte, contra el capitalismo. Somos los revolucionarios en busca de un nuevo orden.”

El Manifiesto de Verona, promulgado el 14 de noviembre de 1943, fue entonces la carta fundacional del renovado Estado italiano. Los 18 puntos del manifiesto fueron los siguientes:

En materia constitucional y de organización interna:

1. Se convocará a la Asamblea Constituyente, poder soberano de origen popular, con la cual se declara la abolición de la Monarquía y se condena de manera solemne al último Rey por traidor y desertor. Una vez proclamada la República Social, se nombrará su Jefe.

2. La Asamblea Constituyente estará integrada por representantes de todas las asociaciones sindicales y circunscripciones administrativas, incluyendo a los representantes de las provincias invadidas u ocupadas, por medio de delegados surgidos de entre los refugiados en el territorio libre.

Incluirá también la asamblea, las representaciones de los combatientes y de los prisioneros de guerra, además de los repatriados; los italianos en el extranjero, la magistratura, las Universidades o las de cualquier otra corporación o Instituto cuya participación contribuya a hacer de esta Asamblea Constituyente, la síntesis de todos los valores de la nación.

3. La Constitución republicana deberá asegurar al ciudadano –soldado, trabajador o contribuyente– el derecho al control y la responsabilidad crítica de los actos de la administración pública. Cada cinco años, el ciudadano será llamado a pronunciarse sobre la elección del Jefe de la República.

Ningún ciudadano, por flagrante delito o por medidas preventivas, podrá permanecer más de siete días detenido, sin la correspondiente orden judicial. Salvo el caso de flagrante delito. Así mismo, para cualquier registro domiciliario será preciso que exista previamente una orden judicial.

En el ejercicio de sus funciones, la Magistratura actuará con plena independencia.

4. El resultado de la experiencia electoral vivida en Italia, además de la experiencia parcialmente desfavorable con respecto a los nombramientos rígidos o jerarquizados, hacen necesaria una solución que concilie ambas alternativas. Un sistema mixto (por ejemplo, elección popular de los representantes de la Cámara y elección de ministros por el Jefe de la República y del Gobierno, y, en el Partido, elecciones del Fascio previa ratificación y elección del Directorio por el Duce) parece lo más aconsejable.

5. La organización competente para la educación del pueblo en los problemas políticos es única. Dentro del Partido, integrado por combatientes y simpatizantes, debe existir un organismo de absoluta pureza política, digno de constituirse en salvaguarda de la idea revolucionaria. No se exigirá una credencial partidaria para ningún empleo o cargo.

6. La Religión de la República es la Católica, Apóstolica y Romana. Será respetado cualquier otro culto que no se oponga a las leyes.

7. Se considera extranjeros a las personas pertenecientes a la raza hebrea. Durante esta guerra se les considera como pertenecientes a nacionalidad enemiga.

En política exterior y diplomacia:

8. El fin esencial de política exterior debe ser la unidad, la independencia y la integridad territorial de la patria en los límites marítimos y alpinos señalados por la Naturaleza, por el sacrificio de sangre y por la historia, que ahora han sido amenazados por la invasión del enemigo y las promesas hechas por los aliados a los Gobiernos acogidos en Londres. Otra meta esencial consistirá en que se reconozca la existencia de espacios vitales indispensables para un pueblo de 45 millones de habitantes, situados en un área insuficiente para nutrirle.

Tal política se adoptará, además, para la realización de una comunidad europea, con la federación de todas las naciones que acepten los siguientes principios fundamentales:

a) Eliminación de las seculares intrigas británicas en nuestro Continente.

b) Abolición del sistema capitalista interior a la par de la lucha contra las plutocracias en el exterior.

c) Valorización, en beneficio de los pueblos europeos y autóctonos, de los recursos naturales de África, respetando absolutamente los derechos de aquellos pueblos, especialmente los musulmanes, que, como Egipto, se encuentran civil y nacionalmente organizados.

En materia de política social:

9. La base y objeto primordial de la República Social es el trabajo manual, técnico e intelectual en todas sus manifestaciones.

10. La propiedad privada, fruto del trabajo y del ahorro individual, inherente a la personalidad humana, está garantizada por el Estado. Sin embargo, no puede convertirse en una fuerza disgregadora de la personalidad física y moral de los demás hombres, que también tienen derecho a gozar de los beneficios de su trabajo.

11. Dentro de la economía nacional, todo aquello que por sus dimensiones o funciones rebase los límites particulares para entrar en la esfera del interés nacional, amerita la intervención del Estado.

Los servicios públicos, y por consiguiente la producción militar, deben ser regidos por el Estado por medio de entidades paraestatales.

12. En toda empresa (industrial, privada, paraestatal y estatal), las representaciones de técnicos y obreros cooperarán íntimamente, mediante el conocimiento directo de su gestión, en la tarea de fijar salarios equitativos y en la justa distribución de las utlidades, beneficiando al capital accionista y fomentando la participación de los obreros en dichas ganancias.

En algunas empresas, esto podrá implantarse concediendo más amplias prerrogativas a las actuales Comisiones de fábrica. En otros casos, se sustituirán los Consejos de Administración por Comités empresariales integrados por técnicos y operarios, con la presencia de un representante del Estado. De igual manera, también puede establecerse una cooperativa parasindical.

13. En la agricultura, la iniciativa privada estará limitada por la falta de iniciativa. Las tierras ociosas y las propiedades mal administradas podrán ser expropiadas e incluso aparceladas y entregadas a jornaleros en calidad de cultivadores directos, o mediante en cooperativas agrícolas, parasindicales o paraestatales, según se necesite conforme a las necesidades de la economía agrícola.

Todo está ya previsto por las leyes vigentes, de modo que el Partido y las organizaciones sindicales estarán comprometidas a impulsar su cumplimiento.

14. A los cultivadores directos, a los artesanos, a los profesionistas y a los artistas, se les reconoce el pleno derecho de explotar sus propias actividades de producción, ya sea individualmente o por familias o grupos, salvo el hecho de que deben entregar la cantidad de productos establecidos por la ley y someterse al control de las tarifas de servicios.

15. La vivienda no sólo es un derecho de propiedad, sino un derecho a la propiedad. El Partido incluye en su programa la creación de una Institución Nacional de la Vivienda para el pueblo, que absorbiendo el Instituto existente y ampliando hasta el máximo su acción, procurará facilitar la propiedad de casas a las familias de trabajadores de cualquier categoría, ya sea mediante la construcción directa de nuevas viviendas o mediante el gradual rescate de las existentes. El propósito de esta política es garantizar el principio general de arrendamiento para que –una vez reembolsado el capital y pagado el justo interés– pueda otorgarse título de adquisición.

Como primordial obligación, el Instituto resolverá los problemas que se deriven de las destrucciones ocasionadas por la guerra, incautándose y distribuyendo locales deshabitados y construcciones provisionales.

16. El trabajador figurará con todos los derechos en el sindicato de su especialidad, sin que esto le impida pasar a otro siempre que cumpla con los requisitos adecuados. Los sindicatos convergen en una única Confederación en la que están comprendidos todos los trabajadores, técnicos y profesionales, con exclusión de los propietarios que no sean dirigentes o técnicos. Se denomina Confederación General del Trabajo, de la Técnica y de las Artes.

Los empleados en las empresas industriales del  Estado y en los servicios públicos se constituirán en sindicatos como los demás trabajadores. Se declaran vigentes todas las leyes de previsión social instituidas por el Régimen fascista durante los últimos veinte años. La Carta del Trabajo constituye, en cuando a la letra, consagración, y espíritu, un punto inicial de partida hacia una vida futura.

17. En las presentes circunstancias, el Partido estima inaplazable un reajuste de salarios para los trabajadores, mediante la adopción de mínimos nacionales e inmediatas revisiones locales, sobre todo para los pequeños empleados tanto estatales como privados. Al objeto de evitar que tales medidas no resulten ineficaces y, a la postre, perjudiciales para todos, se procurará, por mediación de analistas económicos, con la amplia ayuda del sistema de previsión y mediante la incautación de negocios que hayan cometido infracciones en el pasado con respecto a la gestión paraestatal o de las cooperativas, que se pueda pagar en víveres a precios justos, una parte del salario.  Sólo así se logrará la estabilización de los precios, de la moneda y el saneamiento del mercado. En cuanto al mercado negro, se pide que los especuladores, al igual que los traidores y los derrotistas, caigan bajo la jurisdicción de los Tribunales extraordinarios y puedan ser condenados a muerte.

18. Con este preámbulo que antecede a la Asamblea Constituyente, el Partido demuestra, que no sólo que va hacia el pueblo, sino que está con el pueblo.

Por su parte, el pueblo italiano debe percatarse de que existe un único medio para defender sus conquistas de ayer, hoy y mañana: rechazar la esclavizante invasión de las plutocracias angloamericanas, cuyo objeto es acentuar por todos los medios la angustiosa y mísera vida de los italianos.

Hay un solo camino para alcanzar todas las metas sociales: combatir, trabajar, vencer.