Inicio Polémicas Transexualismo y homofobia

Transexualismo y homofobia

31
0
Compartir

Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad hipersexualizada, donde el placer físico, sensorial e individual obtenido a costa de todo, resulta en muchos casos el único camino hacia la felicidad para miles de personas en una época dominada por el ocio, el estrés y el aburrimiento.

Es en este contexto mas que personas mojigatas, los nacionalistas somos hombres y mujeres que aspiramos a construir una sociedad donde el juego, el arte, la cultura y el deporte sean un vehículo para el entretenimiento y la convivencia.

De la misma forma en que el Estado no puede ni debe legislar la vida sexual de los ciudadanos con excepción de aquellas situaciones donde el sexo trasciende la barrera de la privacidad para incidir en asuntos de salud o seguridad pública, como es el caso de la prostitución y la promiscuidad, las cuales amenazan el interés colectivo, independientemente de que en ellas intervengan homosexuales u heterosexuales.

La orientación sexual de alguien, entendida como un asunto íntimo y personal, no debe ser motivo para la discriminación o el odio. Sin embargo, también consideramos que el sexo no debe tener ningún papel público en la vida política del país. Es por ese motivo que el frente se ha opuesto a buena parte de los postulados radicales del movimiento LGBTI, que frecuentemente recurre a la violencia, la agresión y la obscenidad como método para imponer su agenda minoritaria a la nación en su conjunto.

¿Identidad de género?

Como consecuencia de lo anterior, infinidad de organizaciones gays alrededor del mundo se han deslindado del activismo radical LGTBI, como rechazo a la corriente del transexualismo.

Para el transexualismo, el sexo con el cual nacemos, ya sea masculino o femenino, es solo una apariencia genital o física, completamente desvinculada del “género”, que para estas personas no es sino la manera en que un individuo se identifica a si mismo. Conforme a la lógica del transexualismo, un hombre con genitales masculinos debe ser considerado como mujer si su mente así lo dicta, aunque su cuerpo no coincida con su opinión subjetiva.

A esto tenemos que responder que en los seres humanos no existe el género sino únicamente el sexo masculino o femenino, el cual es determinado por los cromosomas. La única identidad real es la que deriva del sexo de los individuos conforme a una realidad biológica. El hecho de que estas personas ahora se valgan de un burdo falseamiento de la ciencia para exigir una declaratoria del gobierno que modifique legalmente su sexo, forzando al sistema nacional de salud para que les otorgue tratamientos hormonales “gratuitos y exigiendo una sanción para todo aquel que se niegue a simular que un hombre es mujer (o viceversa), resulta un abuso sin precedentes.

No es la realidad la que debe “ajustarse” a lo que una persona considera verdadero con base en una opinión personal que contrasta al ciento por ciento con el sexo de su cuerpo. Por el contrario, es la mente la que debe conformarse a la realidad.

El activismo agresivo a cargo de grupos de presión que se refugian en la idea de la “no discriminación” para complacer los deseos de una minoría, representa una afrenta a los derechos nacionales del pueblo, sobre todo cuando se pretende alterar por medio de leyes los hechos biológicos.